CONVIVENCIA DEMOCRATICA
CONVIVENCIA: Es la acción de convivir (vivir en compañía de
otro u otros).
Convivencia democrática.- Significa vivir “con” el que piensa distinto o que tiene distinto
idioma, cultura, raza, religión en armonía sin que los derechos de una persona
avancen sobre los derechos de los demás. Para respetar la convivencia
democrática hay una obligación moral y subjetiva, que es la que nos cabe como
integrantes del género humano y que está basada en que todos los seres humanos
deben tener un trato igualitario sin importar las diferencias de origen. El ser humano es un ser social.
Ninguna
persona vive absolutamente aislada del resto, ya que la interacción con otros
individuos es imprescindible para el bienestar y la salud. La convivencia, de
todas formas, puede resultar difícil por las diferencias de todo tipo
(sociales, culturales, económicas, etc.) que existen entre los hombres. Diversas
corrientes sostienen que la conciencia del Yo sólo puede tenerse a partir de la
existencia del Otro. En dicha interdependencia social que se produce en la
convivencia, la persona se define a sí misma. Una mejor convivencia, con lazos sociales
estrechos, contribuye al bienestar.
- Discriminación (racial, de genero, posición social, religioso..etc)
- La criminalidad (secuestro, extorsión, delitos económicos..etc)
- Lesiones personales
- Agresiones sexuales
- Individualismo
Para
contrarrestar los problemas que afecta el desarrollo de una optima convivencia
ciudadana el estado lleva a cabo metodologías como por ejemplo los Planes Integrales de Convivencia y Seguridad,
que son es un conjunto de estrategias trazadas de manera conjunta por las
autoridades competentes de un Departamento, Distrito o Municipio, para
atender las problemáticas y los hechos que atentan contra la convivencia y
la seguridad ciudadana de dichos territorios.
FORTALECIENDO LA CONVIVENCIA DEMOCRATICA
El jardín, como
institución educativa, es una formación social en dos sentidos: está formada a
partir de la sociedad y a la vez expresa a la sociedad. Lo que se habla en cada
jardín, es el lenguaje particular de la sociedad. Los actores de la educación
deben preocuparse en orientar y acompañar el crecimiento de los niños,
promoviendo su desarrollo como sujetos de derecho y responsabilidad, es decir
ser ciudadano.
En este contexto, el
jardín en general, cumple una función socializadora que se manifiesta en las interrelaciones cotidianas,
en las actividades habituales; también se hacen explícitas en las charlas
espontáneas o en discusiones y diálogos planificados para reflexionar sobre
esas interrelaciones, para reconocer los acuerdos, las diferencias, las formas de
alcanzar el consenso. Sólo de esta
manera se aprende a convivir mejor. , a su cometido de ser formadora de
ciudadanas y ciudadanos, comprometidos crítica y activamente con su época y
mundo, permite el aprendizaje y la práctica de valores democráticos: la
promoción de la solidaridad, la paz, la justicia, la responsabilidad individual
y social. Estos se traducen en las acciones cotidianas que transcurren en el
aula, en la actitud comprensiva y educadora de los adultos que son los
responsables de la formación, por eso, el desafío de toda institución educativa
es convertirse en propulsora de procesos de democratización y participación y
sobre todo donde prime EL BUEN TRATO en
nuestras relaciones interpersonales.
Entonces podemos plantearnos estas interrogantes: ¿Es
posible un adecuado aprendizaje sin adecuada convivencia? ¿Se puede logra una
buena convivencia sin aprendizaje?
Para que el
aprendizaje sea posible, los intercambios entre todos los actores de la
institución (alumnos, docentes y padres,
que comparten la actividad en la escuela y que conforman esa red de
vínculos interpersonales que denominamos CONVIVENCIA deben construirse
cotidianamente, mantenerse y renovarse cada día, según determinados valores.
Sólo cuando en una institución escolar se privilegian la comunicación, el
respeto mutuo, el diálogo, la participación y sobre todo EL BUEN TRATO, recién entonces se genera el clima adecuado
para posibilitar el aprendizaje. Convivencia y aprendizaje, pues, se
condicionan mutuamente. La causalidad circular permite comprender la
interrelación entre ambos: cada uno es condición necesaria (aunque no
suficiente por sí solo) para que se dé el otro.
Entonces. ¿Qué significa
aprendizaje de la convivencia?
En realidad, se trata
de un doble aprendizaje. En primer lugar, la convivencia se aprende. Es más, es
un duro y prolongado -hasta podríamos decir, interminable- aprendizaje en la
vida de todo persona, pues:
¨
sólo se aprende a partir de la
experiencia.
¨
sólo se aprende si se convierte en una
necesidad.
¨
sólo se aprende si se logran cambios
duraderos en la conducta, que permitan hacer una adaptación activa al entorno
personal y social de cada uno.
¿Cómo se aprende la convivencia?
Para aprender a convivir deben cumplirse
determinadas procesos, que por ser constitutivos de toda convivencia
democrática, su ausencia dificulta su construcción; por eso es necesario:
·
Interactuar (intercambiar acciones con
otro /s)),
·
interrelacionarse; (establecer
vínculos que implican reciprocidad)
·
dialogar (fundamentalmente ESCUCHAR,
también hablar con otro /s)
·
participar (actuar con otro /s)
·
comprometerse (asumir responsablemente
las acciones con otro /s)
·
compartir propuestas.
·
discutir (intercambiar ideas y
opiniones diferentes con otro /s)
·
disentir (aceptar que mis ideas – o
las del otro /s pueden ser diferentes)
·
acordar ( encontrar los aspectos
comunes, implica pérdida y ganancia)
·
reflexionar (volver sobre lo actuado,
lo sucedido.)
Por lo tanto el
desafío de nuestras instituciones educativas
es convertirse en propulsoras de
procesos de democratización y participación, sólo será posible si el aula es la
unidad operativa donde además de las acciones propias se gestionan las acciones
institucionales.
COMPLEJIDADES ASOCIADAS A INTENCIONAR LA CONVIVENCIA
COMO ÁMBITO RELEVANTE
El
convivir de personas en grupos e instituciones es un proceso constructivo continuo,
donde ocurren transacciones, negociación de significados (Brunner, 1990),
elaboración de soluciones, etc. Este convivir va creando un significado común
construido históricamente (Geertz, 1994), de naturalidad y predictibilidad, que
genera un sentido de familiaridad, un “así son las cosas y un así se hacen las
cosas”, que llega a formar parte de la identidad del grupo y de quienes participan
en él. Es así como convivir en una u otra institución, supone convivir en el
marco de una identidad de grupo, expresado en formas particulares de relación,
lógicas de acción y significados, valoraciones y creencias instaladas. Geertz
entiende la cultura como este sentido común construido históricamente.
La manera de convivir es cultural y es construida.
Sin embargo, es vivida por sus participantes desde la naturalidad y la
familiaridad, de modo que contribuye a generar en ellos una vivencia de
predictibilidad y seguridad. Esto no significa que no se den discrepancias. En
el convivir pueden y suelen haber disensos y posiciones subversivas.
Frente a esto, surge
la paradoja de la convivencia escolar que, al mismo tiempo de ser omnipresente,
tiende a la invisibilidad. Si convivir de una manera determinada es lo que
forma a los actores capaces de valorar y vivir la democracia y la cultura de
paz, la propia convivencia escolar efectiva, “vivida”, debiera Si la convivencia escolar
no contribuye a crear el clima necesario para formar sujetos democráticos que
aporten a una cultura de paz, se debiera luchar por cambiarla. Ello conduce al
tema del cambio, complejo y no completamente resuelto en el ámbito escolar.
Pareciera razonable que la concepción de cambio que se baraje en la escuela
incluyera, de manera respetuosa pero también estratégica, una clara comprensión
de cómo opera aquello que se desea cambiar, en este caso la naturaleza del
cambio hacia una cultura de inclusión, democracia y fraternidad. Lo que suele
ocurrir es que se opta por un paradigma de cambio voluntarista e impositivo.
Una primera complejidad para actuar sobre la
convivencia es su invisibilización. Si se crearan experiencias reflexivas,
críticas, que visibilizaran la convivencia, la sacaran de su neutralidad y se
la descubriera como principalísima gestora de lo formativo, surge la segunda
complejidad: la del uso y familiaridad de las prácticas profesionales en
marcha. Estas prácticas operan en el marco del conocimiento local (Geertz, Op.
cit.), la recrean y mantienen, generándose en ellas una cierta inercia. Es
necesario, entonces, proponer, enseñar y llevar adelante nuevas prácticas
dentro de un nuevo marco.
¿QUÉ
PODEMOS OBSERVAR EN LOS NIÑOS DE 3 A 5 AÑOS?
Entre los dos y tres
años, se inicia una “crisis” que expresa la necesidad de individuación y
afirmación respecto a los adultos que lo rodean. En esta etapa, al niño le es
difícil considerar los pareceres de otros.
A los 4 años, los
contactos con los “otros” se realizan con mayor fluidez y el egocentrismo,
descrito como una característica del niño a decir de Piaget, tiene como función
absorber o interiorizar al grupo social y al mundo físico para tomar conciencia
de las personas y los objetos. En esta etapa, el niño comienza considerar los
pareceres de los otros.
A los 5 años, disfruta
de acomodarse a los grupos y participa más en juegos de roles.
Por ello, corresponde
al nivel de Educación Inicial organizar la convivencia democrática en un clima
cálido y respetuoso, donde el niño se sienta acogido y reconocido por todos los
miembros de la institución educativa, tenga oportunidades para expresarse con
espontaneidad usando sus propios lenguajes y se ejercite en la aceptación de
las diferencias como algo natural. Y esta tarea no tiene que ver solo con la
formación de futuros ciudadanos –como se suele decir–, sino también con el
ejercicio ciudadano de hoy en el espacio educativo público, de manera específica,
donde los niños tienen derechos, pero también responsabilidades.
CONCLUSIONES
v El
nivel de educación inicial es el primer ámbito publico en el cual los niños se
forman como ciudadanos y empiezan los normas mas formales para su convivencia
con sus pares
v El
niño toma conciencia de si mismo y la del otro ,es decir , comprende lo que esta
permitido o autorregularse e interesarse por los demás y su entorno
v El grupo
familiar también es vital para enseñar los valores que constituyen el
núcleo de una formación ciudadana democrática y en paz. Por eso, es necesario
aprender a expresarse, participar activamente, dialogar escuchando al otro,
resolver las diferencias en forma armoniosa; esto es posible cuando la atención
se pone en la formación integral de los y las estudiantes
v En
el ámbito escolar, muchas veces los niños, niñas y jóvenes responden con cierto
grado de agresividad a molestias pasajeras
de sus compañeros ya sean de orden físico (un empujón, un manotazo) o de orden
verbal (una mala palabra, una broma con doble sentido).

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